La volatilidad mide la magnitud y la velocidad con las que se mueve un precio, no su dirección. Un activo puede recorrer un rango enorme y acabar la sesión donde empezó. Esa distinción es clave, porque sin volatilidad no hay recorrido que aprovechar, y con demasiada volatilidad el mismo tamaño de posición que ayer era prudente hoy resulta temerario.
Se mide de dos formas complementarias. La volatilidad histórica o realizada mira hacia atrás: se calcula, por ejemplo, con la desviación típica de los rendimientos de un periodo determinado y responde a la pregunta «cuánto se ha movido». La volatilidad implícita mira hacia delante: se deduce del precio de las opciones y refleja cuánto movimiento espera el mercado. Cuando ambas divergen, suele haber un evento en el calendario.
Para el trading operativo, la herramienta más práctica es el ATR, el rango verdadero medio. En cada vela toma la mayor de tres distancias (el rango de la vela, la distancia del máximo al cierre anterior y la del mínimo a ese mismo cierre) y promedia ese valor, habitualmente en 14 periodos. Al incluir el cierre previo, el ATR captura los huecos de apertura y no solo el rango visible: mide de verdad cuánto se mueve el activo en una sesión típica.
Su primera aplicación es el stop loss. Colocar el stop a un número fijo de pips ignora que el mismo instrumento se mueve de forma muy distinta en noviembre que en agosto. Situarlo a un múltiplo del ATR (por ejemplo, dos veces el ATR del marco temporal que operas) hace que el nivel de invalidación esté fuera del ruido normal del activo. Un stop demasiado ajustado no reduce el riesgo: solo aumenta la probabilidad de que el ruido lo active.
La segunda aplicación es el tamaño de la posición, y es la más importante. Si se fija de antemano cuánto se está dispuesto a perder en una operación, el tamaño se deduce dividiendo ese importe entre la distancia al stop multiplicada por el valor del pip. La consecuencia es que cuando la volatilidad sube, el stop se aleja y el tamaño de la posición debe bajar. Así el riesgo por operación se mantiene estable aunque el mercado cambie de régimen.
La volatilidad también tiene geografía y horario. Es mayor en el solapamiento entre Londres y Nueva York que en la sesión asiática, y difiere mucho entre activos: el oro y los índices se mueven en rangos porcentuales distintos a los de un par mayor, y los cruces exóticos combinan rangos amplios con horquillas más caras. Los índices sintéticos, por su parte, están diseñados con un perfil de volatilidad estable y disponible las 24 horas, lo que los convierte en un caso aparte.
Por último, conviene saber qué la dispara: publicaciones macroeconómicas y decisiones de tasas, discursos de banqueros centrales, sorpresas geopolíticas, cierres de trimestre con rebalanceos de carteras y sesiones de liquidez fina alrededor de los festivos. Ninguno de estos eventos es predecible en su resultado, pero casi todos son predecibles en su fecha. En MetaTrader 5 el ATR es un indicador estándar y puede añadirse al gráfico en segundos; lo que no puede hacer ningún indicador es eliminar el riesgo de pérdida.
Lo esencial
Magnitud, no dirección
La volatilidad dice cuánto se mueve un activo, nunca hacia dónde.
Histórica e implícita
Una mira lo ocurrido; la otra, lo que el mercado espera que ocurra.
El ATR mide el rango real
Incluye los huecos de apertura, no solo el rango visible de la vela.
Sube la volatilidad, baja el lote
Un stop más amplio exige una posición más pequeña para mantener el riesgo.
Redacción VexPro
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